Por Juan Morón Audante1

«El Software se va a comer el mundo»,
Marc Andreesen
En Marzo del 2016, Carlos Ganoza Durant, escribió en Semana Económica algo que, casi una década después, parecería haberse escrito en este año 2024. En esas líneas escribió: “En el último quinquenio uno de cada 6 niños menores de cinco años ha tenido desnutrición infantil y uno de cada 3 padeció anemia. En el mismo período, 6 de cada 10 niños de 2do grado no entendía lo que leía y 4 de cada 5 no podía resolver problemas matemáticos para su nivel” 2
Y más adelante, en ese mismo artículo, decía: “en 10 años el mercado laboral peruano estará conformado por jóvenes con habilidades cognitivas deficientes como poca capacidad para aprender procedimientos complejos y muy baja atención al detalle. Difícilmente esos jóvenes podrán programar – digitalmente hablando –, no podrán desarrollar competencias que les permitan ser productivos en la nueva economía (Economía digital). Estarán confinados [por tanto] a actividades manuales básicas, informales y de subsistencia”.3
Bueno, el tiempo transcurrió, y ese mañana ya es hoy. Por lo tanto, significa que actualmente tenemos a esos jóvenes, a los que se refería Carlos Ganoza hace casi una década, en el mercado laboral. Es decir, tenemos una fuerza laboral que no está preparada, mucho menos en condiciones de insertarse en el “nuevo mundo” que la digitalización, la IA generativa, la computación espacial, el metaverso, la VR, la RA, etc. están creando. Pero esa población juvenil sí está “preparada” para seguir engrosando la informalidad. Y las autoridades no son conscientes que una economía no puede sostenerse con un nivel de informalidad que bordea el 70 % de su economía. Y lo más irónico es que es el sector que más “empleo” genera. Pero claro, son empleos de muy baja productividad. Como bien señalaba Carlos G., son de subsistencia. Por lo tanto, con nula capacidad para transformar las condiciones de su propio entorno y, menos para hacer competitivo al país.
Ahora, cuánto de lo planteado por Carlos ha cambiado? Para responder, vamos a hacer un paralelo entre las condiciones que describía Carlos respecto de la desnutrición, anemia y educación con el Perú de la inefable Boluarte y del inefable Congreso que la sostiene. Veamos:
Con respecto a la desnutrición infantil Al terminar el gobierno de Ollanta Humala, la desnutrición infantil se había reducido del 19 % a 13 %; en la actualidad (2024), la desnutrición infantil está en 12,2 %. Es decir, en casi una década la desnutrición infantil no se ha movido
Con respecto a la anemia
En el gobierno de Ollanta Humala la anemia prácticamente no se movió a pesar de los esfuerzos. El 34 % de niños de 6 a 60 meses padecía de anemia. Lo cual representaba, casi el doble de la desnutrición crónica. En la actualidad (2024), el 43.1 % de los niños menores de 0 a 35 meses sufren anemia4. Es decir, hoy tenemos más anemia que hace una década. Esto, sin mencionar que tenemos regiones como Puno, Cajamarca, etc. donde los niveles de anemia bordean el 70 % de la población infantil.
Con respecto a la educación
Sólo el 36,6% de los estudiante del 2do grado entiende lo que lee y sólo el 11,2 % del mismo grado puede resolver problemas matemáticos relacionados con el mismo grado5, según la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje del propio Ministerio de Educación .
En otras palabras, las condiciones que han producido el tipo de fuerza laboral que hoy tenemos, tal como la que se describió en el artículo en cuestión, prácticamente, siguen siendo las mismas. O, en el peor de los casos, han empeorado como en el caso de la anemia. Lo que significa que para el 2030, tendremos jóvenes con las mismas características a los que se refería Carlos Ganoza.
Pero el panorama para estas nuevas generaciones que ingresarán el mercado aboral a fines de esta década será mucho más complicado que el que encontraron los jóvenes del artículo en referencia, porque deberán enfrentar retos mucho más complejos que los actuales. Porque la economía digital estará predominando en el mundo. Por tanto, exigirá habilidades digitales con las que no se están formando estas nuevas generaciones. Más aún, porque el 74 % de los estudiantes en edad escolar asisten a colegios públicos, donde las condiciones de formación para enfrentar esas nuevas exigencias de la economía digital realmente son escasas y sólo el 26 % asiste a colegios privados. Sin embargo, estos porcentajes varían en la realidad, porque aún dentro del sector escolar privado hay categorías de colegios que no aseguran una buena formación escolar. Por tanto, el sistema educativo en nuestro país, lejos de asegurarles capacidades para enfrentar ese nuevo mundo, lo que logra es reproducir las condiciones de subsistencia.
Lo más probable, en el caso de nuestro país, es que tengamos una sociedad con un alto nivel de analfabetismo digital. Y que así como les pasaba a las generaciones de la primera mitad del siglo XX en el Perú, que eran excluidas por no saber leer ni escribir, estas generaciones, si no logramos modificar esta situación, terminarán excluidos de esa nueva economía y quedarán confinados, fundamentalmente, a la subsistencia.
Es decir, mientras el mundo transita por una profunda transformación tecnológica, donde lo digital, lo físico y lo biológico comienzan a subsumirse, nosotros seguimos “formando” mano de obra que no estará en capacidad de ver las nuevas oportunidades que está generando ese nuevo mundo. No terminamos de entender que el software es la piedra angular de esta nueva realidad. Por ello, el dictum de Marc Andreesen : “el software se va a comer el mundo”, es más cierto que nunca; sin embargo, habrán países que tendrán una muy buena degustación, pero habrán otros que tendrán una degustación que no se terminarán de digerir. Porque va a saber muy mal. Lamentablemente, este podría ser el caso del Perú, si no cambian las circunstancias actuales.