Los Hacendador del siglo XXI

Por Juan Morón Audante

La conquista desplazó a la cultura indígena y andina hacia el polo

subordinado de la nueva formación social, en tanto que lo

hispano y europeo adquirió carácter dominante.

El virreinato nos ubicó en un situación colonial y consiguió

definir una estructura social y política que

sometió al mundo conquistado (andino)  . . .  [1]

Los hacendados, de ingrata recordación, como los que vemos en la fotografía de arriba, eran los todo poderosos de la haciendas que habían en diferentes lugares del Perú. Sobre todo, los que estaban ubicados a lo largo de los Andes peruanos, donde los campesinos vivían en regímenes de semifeudalidad, como nos lo recordaría nuestro gran José María Arguedas.

Eran el centro del poder, casi – casi eran los hacedores de la vida y del destino de los campesinos que trabajaban en sus tierras. No habían leyes que pudieran con estos personajes. Es más, ellos eran la ley en persona. En consecuencia, no había límites para las acciones que quisieran adoptar.

En los aciágos días que nos ha tocado vivir en la actualidad, al parecer los hacendados del siglo pasado se han reencarnado en un grupo de congresistas, sobre todo en quienes promovieron el desmantelamiento de la Sunedu, y que se han terminado convirtiendo en el poder detrás del trono que, ilegítimamente, usurpa la Sra Boluarte con su fantoche primer ministro. Pero no es cualquier congresista, son  los dueños de las pseudo universidades o sus representantes, quienes actúan como sus antepasados.  Pero estos son más perversos que aquellos. Porque el impacto de sus acciones no se circunscribe a sus haciendas (Universidades), sino que es transversal a la sociedad entera. Es decir, cualesquiera que sean las decisiones que adopten estos hacendados del siglo XXI, tienen implicancias en la vida nacional. Hacen leyes. Claro,  leyes que los benefician directamente. Esta es la clara muestra de la privatización de un Estado. Como privados concentran los beneficios estafando a los estudiantes, pero se socializan las pérdidas, porque la sociedad, en su conjunto, es afectada por profesionales que en las condiciones de la más absoluta precariedad, no solo material, sino académica, se “forman”. Por lo tanto, los hacendados del atrós sistema educativo universitario, terminan por perennizar las condiciones de la estructura de desigualdad que tanto caracteriza al Perú.

Los pocos logros que se alcanzaron con la verdadera Sunedu: 95 Universidades licenciadas, 3,695 carreras cerradas por falta de calidad, 51 universidades cerradas por no contar con condiciones mínimas para las actividades académicas, 80 % del profesorado con Post grados, más del 40 % de los profesores a tiempo completo, etc. todo esto gracias a la Ley N° 30220 [2], corren el peligro de ser desmantelados, como en la práctica está sucediendo, al haberse desmantelado la arquitectura jurídico-legal de la Sunedu, de la verdadera.

En este sentido, lamentablemente, en el 2022 se aprobó la norma que ha regido el abierto proceso de contrareforma iniciada con la denominada Ley N° 31520, falsamente denominada “Ley de la Autonomía Universitaria”, cuyo propósito era desmontar las funciones centrales de la Sunedu. Y vaya que lo han logrado.

Ahora, y aquí viene la capacidad y poder de los nuevos hacendados de la educación. Ocurre que la nueva Sunedu ha dado a conocer que en un año las universidades entre las que están las que tuvieron un licenciamiento denegado, han creado nada más y nada menos 2,550  carreras. Es decir, la verdadera Sunedu les cerró a estos mercachifles de la educación 3,695 carreras; sin embargo, han podido recuperar terreno, (re)abriendo casi el 70 % de las carreras que se habían cerrado.

Pero por un instante, pensemos que los hacendados de la educación peruana, están actuando de buena fe, cosa que es imposible de hacer y pensar. Como era imposible pensar en la buena fe de los hacendados del pasado y que, efectivamente, esas 2,550 carreras sean totalmente nuevas. Y aquí viene el pero.

Cuando se aprueba la ley 31520 la Sunedu pierde las funciones que le correspondía al Minedu, como la capacidad de licenciar, de supervizar y fiscalizar. Entonces al desprenderse del Minedu, pierde la capacidad de financiamiento que habia para las universidade públicas. En consecuecia, ¿cómo van a hacer las universidades públicas para financiar esas nuevas carreras si ya no tienen el financiamiento del Estado?  

No cabe duda que los hacendados de la educación están manejando el sistema universitario tal como  sus antepasados manejaban sus haciendas, sin rendir cuentas a nadie. Por ello, determinan lo que se les viene en gana, sin que esas decisiones sean  fiscalizadas ni supervizadas. Es en este nuevo escenario que estos hacendados del siglo XXI  quieren introducir “nuevas Carreras” sin que la ciudadania sepa si son las que realmente necesita el país para su desarrollo,  si ayudarán a desarrollar eso de lo que tanto se habla pero se sabe poco, por lo menos en nuestro país. Nos referimos a la economía digital; carreras que no sabemos si contarán con la infraestructura adecuada para desarrollarlas; cuántas de ellas tendrán un mínimo estándar internacional, sobre todo las que estén vinculadas con las nuevas tecnologías o serán como las sucursales de la ciertas universidades que dictaba medicina sin tener laboratorios al interior del país; cuántas son un salto al vacío para los jóvenes que se embarquen en cualesquiera de esas ”aventuras académicas”, etc.

La perversión de esos hacendados no tiene límites. Y cuando se amparan en la pseudo autonomía universitaria que tanto dicen defender, habría que decirles que el mismo criterio se utilizó para tener universidades que  construían fachadas muy atractivas, pero que detrá de ellas no había sino pésimas condiciones para los estudiantes; carreras cuyos contenidos eran hartamente cuestionables, etc. . Por ello, la verdadera Sunedu tuvo que cerrar 3, 695 “carreras”.

Los únicos beneficidados de ese mercantilismo educativo han sido los dueños de las “universidades”. Se hicieron millonarios a costa de la frustación de varias generaciones de jóvenes que comprometieron su futuro y, con ello, el futuro del país. Porque produjeron “profesionales” de todo tipo sin las calificaciones correspondientes. Por tanto, terminaban formando mano de obra subcalificada, sin capacidad para enfrentar la nueva revolución industrial, como tampoco para enfrentar los verdaderos problemas que arrastra el país.  Pero sí, para engrosar la informalidad, donde terminan quienes no logran insertarse en el pequeño mundo de la formalidad.

La contrareforma ha sido tan contundente que la nueva Sunedu, ahora hace una vergonsoza invocación a las “univerdidades” para que actúen de buen fe ante la avalancha de “carreras nuevas” que pretenden crear.

Los jóvenes que se enrolen en estas aventuras académicas no tendrán derecho a reclamo alguno, porque estas “universidades”, al conducirse en el marco de la  malhadada “autonomía” universitaria, tienen la justificación que habían estado buscando. Actuar como si las universidades fueran las haciendas del pasado, como si fueran sus  chacras. Evidentemente, y felizmente, ya no existen, pero al parecer  la cultura hacendística – si me permiten el neologismo –, sigue estando presente. Por ello, la imagen con la que empesamos estas líneas no es pasado, es presente. Sólo han cambiado los personajes.


[1] Mattos M., José, “Desborde Popular y crisis del Estado”, Fondo editorial del Congreso de la República, 2004, pág. 24.

[2] https://www.youtube.com/watch?v=61nA4S9a-II

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