Por Juan Morón Audante [1]

Hace poco, a raíz de la organización de un Webinar sobre digitalización, alguien a quien vamos a llamar Coco, nos decía: “ Somos un país informal, demasiado informal como para que la digitalización pueda desarrollarse en nuestro país”. Aunque estoy parafraseando su mensaje, ese era el tenor de fondo, de su sentir respecto de este proceso disruptivo que está cambiando absolutamente todo. Pero le debo agradecer porque a raíz de sus expresiones surgió este artículo. Donde trataremos de explicarle a Coco y, seguramente, a muchos que piensan como él, que está(n) profundamente equivocado (s) .
Es cierto, probablemente, el Perú sea uno de los país más informales del mundo en la actualidad. O, en el mejor de los casos, está entre los más informales del mundo. Somos una economía donde más del 70 % es informal. Es decir, una economía donde el mayor aporte al PBI lo hace la informalidad, no la economía formal, que es como debería de ser en un país medianamente civilizado.
Esta realidad, que para muchos es una tabla de salvación, es al mismo tiempo, la muestra de una economía absolutamente vulnerable por donde se mire. Donde todas las política públicas que se han desarrollado para tratar de disminuir esa informalidad, no han pasado de meros intentos. Lo cierto es que, lejos de reducirse se ha incrementado. Y ahora parece ser parte de nuestra indentidad, de nuestra “Marca Perú”.
Pero lejos de ser un problema económico se ha vuelto un problema profundamente cultural. Por ello, más complicado de tratar. Por lo cual ya no bastan programas económicos, exclusivamente. Si bien es cierto aún no hay suficiente evidencia empírica, pero si por esas cosas del destino, todas las empresas del Perú quedaran sujetas a un régimen tributario determinado, el Perú seguiría siendo tan informal como hasta ahora. En suma, la informalidad en el Perú es un problema que cruza todos los ámbitos de la sociedad peruana. Esa es nuestra tragedia.
Y sí, en las palabras de Coco había desánimo por un país que es así, y que va a seguir siendo así, hagas lo que hagas. Ahí radica su escepticismo, por extensión, respecto de la digitalización. Cómo no serlo en un país que institucionalmente está quebrado y que, a todas luces, no hay nada que nos haga abrigar la esperanza de recomponerlo.
Qué le puede ofrecer la digitalización a un país tan informal como el Perú?

Ciertamente, tampoco podemos cometer el error que decir y explicar lo inexplicable. La digitalización no es la panacea para nuestros males, y la informalidad vaya que lo es.Pero el problema con la informalidad es que no tiene una sola dimensión. En consecuencia, al tener varias dimensiones dificulta el trabajo a la digitalización, como de cualquier proceso. Pero veamos cómo desde el marco conceptual la transformación de los datos análogos a digitales se podría ayudar a encarar la informalidad desde otra perspectiva. Para ello, seguiremos como derrotero los términos que se emplean en el proceso de la digitalización.
Primero, digitization [2], implica transformar datos analógicos a digitales. Es decir, 0s y 1s. Se imaginan lo que sería que pudiésemos recabar datos de las diferentes actividades informales. Probablemente, descubriríamos una serie de patrones que desconocemos de ese mundo. Y nos podrían a yudar a conocerlos mejor y a mejorar, al mismo tiempo, las políticas públicas que los policy maker deberían desarrollar.
Segundo, digitalization[3], con esos datos procesados y convertidos en información, podríamos mejorar los procesos de gestión como de producción de las diferentes actividades informales, mejorando su productividad. Eso que suena tan ajeno al mundo de la infomalidad. Abonando con ello, además, a la reducción de costos.
Tercero, Digital Transformation [4], proceso que se desarrolla al interior de las organizaciones y donde con la inserción de las herramientas digitales en los procesos de producción, terminamos modificando la naturaleza de la concepción de valor para los consumidores, en el marco de una nueva cultura organizacional. Con esta dinámica las empresas informales podrían adquirir otra dimensión. En beneficio propio como el del entorno donde realizan sus actividades.
Y un ámbito que está fuera del marco conceptual de la literatura anglosajona como hispana, pero que tiene un impacto directo en una población por su carácter de transversalidad. Nos referimos a la digitalización de los servicios públicos. Esta digitalización podría ayudar a una mejor gobernanza. Porque se eliminaría los papeleos, los sellos inncesarios, las idas y las vueltas, etc. Haría que la información fluyera haciendo que los costos de transacción, prácticamente, se elimaran.
Imaginémonos lo que sentiría un peruano de a pie que va a ver su caso a un juzgdo cualquiera y en cualquier parte del Perú, no sólo Lima, y se da con la sorpresa, grata, por cierto, que toda su información está absolutamene digitalizada y le pueden acercar o brindar un resumen, las conclusiones, lo que ha planteado la fiscalía, etc. O, lo que sintiría una persona que tiene que levantarse a las 4 de la mañana, sin importar su condición de salud, para tratar de encontrar una miserable cita en el hospital, y cuando finalmente llega al doctor, le terminan diciendo que su historia clínica se ha perdido o “traspapelado” y que, por lo tanto, debe hacerse nuevos análisis.
Esto que puede parcer una exageración, es el vía crucis, que padecen miles de peruanos en todo el territorio nacional, diriamente. Cuanta esperanza le podríamos devolver a esos peruanos que han sentido tanta impotencia cuando han sido maltratados por un “regrese la próxima semana”. Sin saber si para próxima vez ese peruano podría regresar.
Finalmente, decir que la digitalización no podrá tomar cuerpo en nuestro país, es no entender la naturaleza del proceso en ciernes. Peor aún, no entender el nivel de disruptibilidad que tienen las nuevas tecnologías, aunque ya no tan nuevas, y que acompañan a este proceso de la digitalización. Sin embargo, la respuesta final de este proceso no se encuentra intrínseamente en él, sino en la capacidad que haya para estructurar las condiciones que requiere para su pleno desarrollo.
Por esta razón, es un proceso perfectamente factible aún en países como el nuestro. La informalidad no es el obstáculo como sostenía nuestro amigo Coco, sino el compromiso de la clase política, de la clase empresarial y de la sociedad en su conjunto y, quizás, sólo quizás, ahí nuestro amigo en cuestión tenga razón. Cómo confiar este proceso que podría modificar la naturaleza económica de nuestro país, y lo que eso implica, a una clase política y empresarial que prefieren seguir explotando los recursos naturales.
[1] Director del Proyecto JMA-Technology. Estamos en: jma.technology2@gmail.com, jmatechnology.wordpress.com; twitter.com/MoronAudan47998; http://www.facebook.com/jmatechnology
[2] https://www.oitcinterfor.org/en/digitalizacion/digitalization-organizations
[3] https://colleenchapcowadesafina.medium.com/digitization-digitalization-and-digital-transformation-whats-the-difference-eff1d002fbdf
[4] https://sloanreview.mit.edu/article/digital-transformation-is-a-misnomer/