El Caballo de Troya del Siglo XXI

Por Juan Morón Audante[1]

Cuenta la historia de la mitología que Helena de Esparta fue raptada por Paris con ayuda de Afrodita. Ante estos hechos, los griegos se embarcaron rumbo a la ciudad de Troya para tratar de rescatar a Helena.

Sin embargo, el plan de rescate no resultó como se tenía previsto. Fue un largo período de conflicto. La ciudad de Troya fue cercada durante 10 años. Pero como el conflicto no podía durar más allá de lo que ya había durado, los griegos idearon una treta. Introdujeron en la ciudad de Troya un gran caballo hueco, en el que se escondieron un gran número de soldados griegos, encabezados por Ulises. Para que la treta resultase creible, una parte de la armada fingió regresar a sus tierras. Y convencieron a los troyanos que el “caballo” era una ofrenda a Atenea.

Los Troyanos, ingenuamente, terminaron por aceptar la ofrenda, además de celebrarla. Lo que originó que los soldados griedos parovecharon la distensión para saquear la ciudad. Además, de rescatar a Helena.

Regresando al Siglo XX, nos encontramos con una situación en la que pareciera que también nos enfrentamos a una historia similar. Nos podemos estar enfrentando a un probable  “caballo de Troya”. Pero esta vez no es para rescatar a una reina, sino para rescatar nuestro derecho a no ser convencidos-timados de una inevitabilidad que sólo les interesa a los gestores de las grandes corporaciones tecnológicas. Y aquí viene el conflicto de su custionada neutralidad. Porque tampoco se puede desdeñar la capacidad de transfomación que, intrínsecamente, posee la tecnología. Sobre todo, cuando es dirigida a solucionar los grandes males de la humanidad. Desde nuestra perspectiva es una capacidad que le pertenece.

El mundo de las grandes corporaciones de la tecnología está escribiendo una nueva versión de la mitología griega. Ahora, el “caballo de troya” es para encubrir sus verdaderos propósitos. Ganar la guerra implica imponer la tecnología sin dudas ni murmuraciones. Por eso el Deteminismo Tecnológico resulta siendo funcional a sus objetivos de fondo.

Los grandes desarrolladores de tecnología actúan como el ejército griedo tratando de cercar a los ciudadanos troyanos, pero en esta ocasión ya no se trata de una ciudad (Troya), sino de la aldea global. Sin importar su estadio de desarrollo. Eso es lo que menos importa. Lo único que importa es que los aldeanos globales compren (Productos tecnológicos) y se adhieran a la predica tecnológica sin cuestionar absolutamente nada, porque así tiene que ser. No les es suficiente lucrar con nuestros datos, que son incustionablemente nuestros, sino que ahora van a la caza de nuestra voluntad de decidir sobre si, efectivamente, lo que la sociedad determine para su futuro está en la misms dirección de lo que ellos quieren determinarnos.

Nos nos engañemos, la tecnología no se produce en abstracto, es resultado de una realidad concreta. Donde confluyen intereses de todo tipo: grandes volúmenes de inversión, posicionamiento geopolitico, prioridades mercantiles, etc. Pero lo más curioso es que ninguno de esos intereses se refiere al ser humano como ente rector del desarrollo de esas tecnologías.  

Esto es lo que se desprende de dos entrevistas que realizara la profesora emérita de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, Sh. Zuboof y quien, además, escribiera uno de los libros más importantes en lo que va del siglo XXI, “La Era del Capitalismo de la Vigilancia” (2021).

La primera entrevista es la que la profesora le hiciera a una responsable de marketing de una empresa en Sillicon Valley dedicada a la venta de Software para la interconexión de dispositivos inteligentes, la entrevistada dijo: “ahora mismo hay un gran capital improductivo y tenemos que convertirlos en ingresos. A esto se refiere Internet of Thing (IoT). . . la mayoría de los consumidores no [tiene] necesidad alguna de . . . esos dispositivos. Podemos decir “exponencial” e “inevitable” todo lo que queramos. Pero la conclusión es que en el valle (Sillicon Valley) han decidido que esto [el IoT] tiene que ser el nuevo gran fenómeno mundial para que las empresa de aquí puedan crecer» [2].

Es decir, no es que la sociedad requiera una solución para los múltiples problemas que la aquejan. Claramente esa no es la prioridad. Si no permitir que las grandes corporaciones que se encuentran en el Sillicon Valley puedan seguir creciendo y, cada vez, a un mayor ritmo.

Con razón suelen identificar al proceso contemporáneo de la digitalización en el que están inmersos todas y cada una de las nuevas tecnologías, con la demanda. Es decir, mientras que la economía tradicional suele ser identificada con la oferta, la economía digital con la demanda. Nos crean  demanda donde realmente no existe. Pero somos nosotros mismos los que brindamos los datos necesarios para que puedan desarrollar, cada vez con mayores niveles de predictibilidad, modelos predictivos absolutamente personalizados. Y por esta razón los datos son tan imprescindibles para las grandes plataformas digitales.

Su gran negocio es vendernos los que nosotros le decimos lo que nos gusta. Comenzaron con lo más tangible de nuestros gustos, pero no van a parar hasta que les “digamos” lo más profundo de nuestros sentimientos. Es decir, terminarán abarcando todo nuestro mundo vivencial en aras de alimentar un sistema al que no tenemos la más mínima capacidad de fiscalizar. En su lógica, nuestros datos no son nuestros, les pertenecen enteramente. Y no hay regulación que lo impida, ni siquiera en los países desarrollados.

Si la primera entrevista nos deja perplejos, la segunda es mucho más contundente. Se trató de una entrevista a un ingeniero senior en Internet of Thing (IoT) de una gran corporación tecnológica, sobre el mismo sentido que a la responsable de marketing que anotamos líneas arriba. Y la respuesta del entrevistado fue:  “Imagínese que tiene un martillo. Eso es el aprendizaje de máquinas. Le ha ayudado a escalar una dificilísima montaña hasta llegar a la cima. Esa (Cima) es el dominio de los datos digitales mediante el aprendizaje de máquinas. En la cima de la montaña se encuentra con un montón de clavos, más baratos que cualquier cosa que jamás haya imaginado. Eso es la nueva tecnología que de sensores inteligentes. Un tablero virgen interminable se extiende ante sus ojos desde la altura a la que se encuentra. Eso es el mundo entero, inútil según usted. Y entonces se da cuenta de que cada vez que clava un clavo en el tablero con su martillo de aprendizaje automático, puede extraer valor a ese tablón que tan inútil le parecía hasta entonces. Eso es la monetización de datos. ¿Qué hace usted? Pues empieza a martillar como una loca y no se detiene nunca, a menos que alguien la obligue a parar. Pero allá arriba no hay nadie que pueda hacernos parar. Esa es la razón por la que internet del todo (IoT) es inevitable” [3]

Las conclusiones que se pueden extraer de estas dos respuestas son tan contundentes que no dejan la menor duda respecto del verdadero sentido de la  tecnología de IoT; sin embargo, tanto las respuestas como las conclusiones son perfectamente válidas al conjunto de las tecnologías que hoy han irrumpido en la escena contemporánea.

El problema es que a la tecnología no la guía el bienestar de la humanidad, no se produce para generar bienestar social, en la medida que no existe un canal directo hacia ese propósito. Pues de ser así, muchos de los males que padece la humanidad ya estarían resueltos.  Sin embargo, abrazamos una esperanza que se condice con la realidad.

No podemos perder de vista que esta visión determinística de la tecnología podría conducirnos a una realidad distópica muy alejada de la realidad que forzadamente tratan de construirnos las grandes corporaciones tecnológicas. En otras palabras, no nos conducirán automáticamente al progreso que necesita la humanidad. En su defecto, podríamos estar construyendo  una sociedad con  guetos de desarrollo desigual en el mundo del siglo XXI. Por ahora, la evidencia es que  la brecha tecnológica lejos de irse cerrando se ha ensanchado. Y tampoco hay evidencia que se vayan a cerrar. Más allá de las buenas voluntades.

Es decir, hay argumentos políticos, económicos y geopolíticos muy fuertes para conducir a las nuevas tecnologías por la ruta del DT. Sin embargo, a diferencia del pasado, donde Troya no tenía los niveles de comunicación que existe en la actualidad, hoy podemos impedir que la Tecnología se convierta en el principal motor del cambio social. Haciendo y cumpliendo a pie juntillas lo que la tecnocracia del presente pretende convencernos.   Ese “caballo” es peligroso sí, pero el caballo de Troya de la era de la Cuarta Revolución Industrial probablemente no tenga los “soldados” griegos suficientes para permitir que Helena regrese a casa.


[1] Director del Proyecto JMA-Technology. Estamos en:  jma.technology2@gmail.com, jmatechnology.wordpress.com; twitter.com/MoronAudan47998; http://www.facebook.com/jmatechnology

[2] Zuboff, Shoshana (2020), La Era del Capitalismo de la Vigilancia, la lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder, Paidós, 1ra Edición, pág. 305

[3] Zuboff, Shoshana (2020), La Era del Capitalismo de la Vigilancia, la lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder, Paidós, 1ra Edición, pág. 305

Deja un comentario