Por Juan Morón A.

| Fuente: https://www.embarcado.net/cadena-de-suministro-4-0-resultado-de-la-digitalizacion-de-los-procesos |
Habiendo transcurrido las dos primeras décadas del silgo XXI, ya nadie tiene dudas respecto del impacto de la Revolución Tecnológica en todos los sectores de la economía. Y el comercio exterior, particularmente las cadenas de suministro, no podía ser la excepción.
En la Cadena de Suministros (CS) o Supply Chain dada su naturaleza, su estructura y la participación de un sin número de actores en el proceso, sobre todo, cuando están relacionados con el comercio exterior, se puede percibir el enorme impacto de las nuevas tecnologías como la InteligenciaArtificial, larobótica, etc. pero, particularmente, por la presencia del Internet de las Cosas (IoT) con sus respectivos sensores, que permiten que los diferentes dispositivos puedan tener un intercambio de información en tiempo real. Por ello, muchos especialistas gustan de hablar de una segunda etapa del Internet. Ya que la primera estuvo vinculada a la comunicación entre las personas. En cambio en esta segunda etapa, dado el proceso de sensorización que se está produciendo en equipos, maquinarias y herramientas, tanto del ámbito industrial como en el doméstico, es que hablamos de Internet de las Cosas (Internet of Things – IoT [1].
Sin lugar a dudas, esto configura un cambio sustancial en la lógica y en el mismo management de las CS. La presencia de miles de millones de sensores en diferentes dispositivos que directa o indirectamente están presentes en toda la cadena, desde el transporte que traslada los insumos a las plantas en donde se procesarán los productos hasta que estén en manos del consumidor final, permitirán tomar decisiones en tiempo real. Lo cual configura una diferencia sustancial con el pasado.
En realidad, la magnitud de estos cambios está en función de la profundidaden la aplicación de esas nuevas tecnologías, pero también de la cantidad de sensores que el IoT está diseminando por el mundo. Según cifras del BID, se habían proyectado para el año 2020, 50,000 millones de sensores en diferentes dispositivos (Calatayud, 2017) funcionando en el mundo. Lo cual significaría que habrían 6,25 sensores por persona [2]. En tanto, un Informe de la Fundación Telefónica del 2016, decía que en el 2020 habría en el mercado 25,000 Millones [3]de sensores. Es decir, 50% menos de lo planteado por el documento del BID. En un tercer documento, se habla que para el 2030 habrá en el mundo 100 Mil Millones [4]de sensores funcionando. Cifras más o cifras menos, lo cierto es que se generará más información de la que estamos en capacidad de procesar y almacenar.
En este sentido, Joe Hellerstein, un científico informático de la Universidad de California en Berkeley, denomina a esa situación “la revolución industrial de los datos” y, por otro lado, se sostiene específicamente que el “flujo de datos [En realidad, en el documento de base no se hace diferencia entre datos e información ] de los sensores, computadoras, laboratorios de investigación, cámaras, teléfonos y otros dispositivos (ya habían superado) la capacidad de las tecnologías de almacenamiento en el 2007” [5]. Generándose un gravísimo problema, sobre todo, para los países en desarrollo que aún no han planteado ninguna estrategia para enfrentar este problema. Desprendiéndose del mismo, un aspecto que no se menciona mucho, pero que es fundamental para la sostenibilidad del planeta. Nos referimos al consumo de energía que genera tanto el procesamiento como el almacenamiento de datos. Por ejemplo, por cada email que enviamos se genera 0,3 Kg de Co2 [6]. Pero la historia no termina ahí. Se sabe que en la actualidad existen 8,000 centros de datos en el mundo y, en conjunto, representan el 1% de la energía consumida globalmente. Lo que equivale a un poco más del consumo que en total tienen Suiza, Austria y Noruega [7]. Sin embargo, las proyecciones para el 2030 apuntan a que ese consumo llegue al 7% de toda la energía que se consume en el mundo [8]. Por tanto, hay lo que podría denominarse, un gran efecto colateral del que se discute muy poco, por decir lo menos.
Lo cierto es que, más allá de la diferencia en los volúmenes de información y de las cifras sobre la cantidad de sensores en actividad en el mundo, donde sí existe consenso es respecto de su razón de ser. Han llegado para modificar profundamente la visión, la organización y la lógica de las empresas. Sobre todo, de aquellas que están vinculadas con las CS. Tener información en tiempo real sobre cada parte de la cadena implicará una nueva forma de entender su desarrollo, sobre todo cuando traspasan las fronteras de un país.
En suma, “ la aplicación de las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial en las diferentes etapas de una cadena de suministro están conformando las denominadas “Cadena de Suministro 4.0”. Estas cadenas se caracterizan por un alto nivel de interconexión entre los ámbitos físicos y digitales, donde los sensores de IoT permiten recolectar y transmitir información en tiempo real a lo largo de toda la cadena, y la analítica de Big data, la inteligencia artificial y la computación en la nube hacen posible tomar decisiones de manera simultánea para diferentes procesos . . . “ [9].
Como se puede notar, en las CS tradicionales, hubiera sido impensable conocer la trazabilidad de los productos en tiempo real. Pero hoy, con lo niveles de sensorización (En los camiones, en las cámaras refrigeradas, en los contenedores, en los montacargas, en los diferentes equipos y/o maquinaria de producción, etc) y con la presencia de unidades autónomas (Camiones, robots, etc), se produce tal nivel de información que se puede monitorear el desarrollo de cada momento por el que atraviesa una mercancía, incluso, desde que un producto es un insumo hasta que está en los anaqueles de los minoristas.
Si tomamos en cuenta el escenario descrito, no es nada descabellado pensar que en un futuro nada lejano, las cadenas se vayan haciendo, cada vez, más autónomas. Es más, parte de esa autonomía ya es una realidad. Las plantas de procesamiento robotizadas, el uso de unidades autónomas, la presencia de la Inteligencia Artificial con algoritmos para una serie de procesos, un elevado nivel de conectividad gracias a miles de millones de sensores, tal como vimos, gracias al IoT y un enorme etc. nos hacen ver que las “self-thinking supply chains” (SSC) (Cadenas de Suministro que piensen y actúen por si mismas) no son cosas del futuro ni de la ficción, son parte de una realidad que ya comenzó a construirse. Aunque, fundamentalmente, en los países desarrollados.
Las SSC presentan ventajas que no se tenían en las CS tradicionales. Desde nuestra perspectiva, destacan tres: La Generación de información en tiempo real, la eliminación de la cultura de “compartimientos estancos” entre las diferentes etapas de la cadena y, finalmente, la trazabilidad dejará de proporcionar información expost, para convertirse en un proceso generador de información en tiempo real y en simultáneo al desarrollo de cada una de las etapas de la cadena. Lo cual configurará una forma diferente del management. La toma de decisiones en tiempo real. Pero además, permitirá, incrementar su eficiencia como su competitividad. No sólo para el sector, sino para el conjunto de la economía de un país.
Sin embargo, alcanzar esa autonomía no es un proceso fácil, requiere de muchos aportes, especialmente, en países como el nuestro. El Poder Legislativo, para no achacarle toda la responsabilidad al Estado, en general; de la empresa privada, particularmente, de las empresas exportadoras y, por último, de la academia. Sin cuyo aporte sería imposible pensar, siquiera, en una mayor eficiencia de la CS que conocemos. Aunque en el Perú todo es posible.
Por ello, urge que la clase política como la clase empresarial, en especial de esas empresas que deben lidiar con sus limitaciones financieras diarias, con sus bajísimos niveles de productividad y con su desconexión tecnológica, tengan muy claro la naturaleza de esta revolución tecnológica. Porque en la medida que no le demos la importancia del caso, estaremos alejándonos de los mercados más competitivos. Y, con ello, la pérdida de oportunidades que son vitales para el crecimiento de esas mismas empresas. Y de la economía en su conjunto. En este proceso, el de la adecuación a la revolución tecnológica, no hay opciones. No es un proceso en el que podamos elegir. No es un proceso en el que haya un second best. Los países y las empresas deben hacer un máximo esfuerzo para adecuarse a esa realidad y, mientras más demoremos, más nos perjudicaremos. Tendremos el triste privilegio, en la medida que no actuemos, de ser parte de ese “grupo exclusivo” de países que existen porque tienen que existir, pero no porque tengan un propósito como sociedad. Alguna vez tendremos que romper esa letanía de decir que, una vez más, “el tren de la historia partió sin nosotros”. Llevándose con ella la posibilidad de construir una CS acorde a los tiempos actuales.
[1] En esta denominación también se debe considerar a los diferentes artefactos y equipos que se emplean en la vida doméstica: Cocinas, lavadoras, refrigeradoras, planchas, hornos microondas, aspersores, TV, etc.
[2] Este promedio per-cápita se obtiene al dividir la cantidad de sensores entre la población mundial, que estamos asumiendo en 8 Mil Millones de habitantes
[3] Fundación Telefónica, “Internet Industrial, Máquinas Inteligentes en el Mundo de Sensores”, 2016, pág. 12
[4] IBM Institute for Business Value, “Device Democracy, Saving the future of the Internet of Things”, 2014, page 2
[5] The Economist, “Data, Data Everywhere”, Special Report, Feb 27Th, 2010 Edition
[6] https://codigoespagueti.com/noticias/tecnologia/los-data-centers-consumiran-el-7-de-la-energia-global-para-el-2030/
[7] https://cincodias.elpais.com/cincodias/2022/11/11/opinion/1668179829_393859.html
[8] https://codigoespagueti.com/noticias/tecnologia/los-data-centers-consumiran-el-7-de-la-energia-global-para-el-2030/
[9] Kalatayud, Cristina; Katz, Raúl; “Cadena de Suministro 4.0, Mejores Prácticas Internacionales y Hoja de Ruta para América Latina”; BID, 2019, pág. 13-14